A bajas frecuencias la forma y dimensiones de la sala junto con las posiciones relativas de las fuentes sonoras y las de los oyentes con las superficies límites de la sala van a determinar en gran medida la calidad acústica final.
Existen relaciones óptimas de las dimensiones de la sala que alivian el efecto indeseado de los modos propios o resonancias, aunque sólo si previamente se conocen las posiciones relativas de las fuentes sonoras y las de los oyentes con las superficies límites de la sala.
A medias y altas frecuencias tienen más importancia las cualidades propias del sistema altavoz.
Interesan sistemas altavoz con directividad constante (constant sound power), así el sonido directo, las primeras reflexiones y la reverberación presentarán la misma característica tímbrica (si la sala no introduce ningún tipo de coloración) y respuesta frecuencial plana en la banda audible.
Las superficies límites de nuestras salas en general absorben energía a bajas frecuencias al actuar como grandes membranas flexibles (convierten la energía acústica en energía mecánica y reducen así algo la energía de los modos propios o resonancias de la sala).
Se debe hacer uso de analizadores de alta resolución (mínimo 1/10 de resolución por octava) para poder medir con precisión la respuesta a bajas frecuencias (en diferentes puntos y con todos los subwoofers activos).
Los filtros de fase mínima de un ecualizador paramétrico son útiles para atenuar los picos de la respuesta frecuencial y aumentar algo los desniveles (menos audibles). En este último caso es prudente no superar los 6 dB ya que 3 dB de aumento supone doblar las necesidades de potencia por parte de amplificadores y sistemas altavoz.
Para tratar un desnivel en la respuesta frecuencial la solución mejor es mover algo o bien la fuente sonora o bien el oyente, es decir el elemento que se halle en la zona de mínimos de presión.
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