En las grandes salas o auditorios el oyente está inmerso en una zona donde predomina el campo reverberante, es decir, su criterio de calidad acústica va a depender de su reacción subjetiva al enorme número de reflexiones que generen las distintas superficies de la sala.
En las salas domésticas proporcionalmente hay más material absorbente que en las grandes salas o auditorios, también las fuentes sonoras (sistemas altavoz) son más directivas que los instrumentos o voces musicales en directo, soliendo además su máximo de radiación apuntar hacia el oyente. De esta forma la persona suele estar en una zona donde la energía directa e indirecta (básicamente en forma de varias primeras reflexiones, puntualmente de nivel fuerte, y de reflexiones tardías débiles) deben considerarse por igual. Asimismo el material absorbente no suele estar distribuido uniformemente, sino que suele concentrarse en objetos como alfombras, moquetas, cortinas, lo que implica que el campo sonoro no puede llegar a ser del todo difuso.
Las preferencias de los oyentes deben de tenerse en cuenta. Algunos pueden preferir una ilusión espacial mayor (respuesta de la sala más viva), mientras otros pueden desear imágenes sonoras más precisas (respuesta de la sala menos viva).
Por ejemplo para crear difusión en el plano horizontal se pueden colocar en las paredes laterales paneles difusores de residuos cuadráticos (QRD, Quadratic Residue Diffusor) unidimensionales dispuestos verticalmente. Estos difusores son de madera con ranuras verticales de cierta profundidad y exhibiendo un patrón periódico. Se puede demostrar que cuanto más periodos tenga un panel difusor, mayor será la concentración de energía alrededor de los ángulos de difusión o de máxima radiación y, por lo tanto, menor el grado de difusión obtenido. La frecuencia más elevada para la cual se produce difusión del sonido aumenta a medida que la anchura de las ranuras disminuye, en tanto que la frecuencia más baja disminuye a medida que aumenta la máxima profundidad. Cuanto mayor sea el grado de difusión deseado y/o el margen de frecuencias útiles requerido, mayor deberá ser el número de ranuras por periodo. El límite máximo entre las frecuencias máxima y mínima de óptima difusión se sitúa aproximadamente en 3 octavas ya que las ranuras estrechas y muy profundas producen un exceso de absorción acústica. Por otra parte los oyentes deberán estar como mínimo a una distancia de unas 3 longitudes de onda (longitud de onda en este caso asociada a la mínima frecuencia óptima de difusión deseada) de los difusores para no percibir ciertas anomalías como coloraciones (comb-filtering) y efectos asociados a los lóbulos (lobing effects). Así para una frecuencia mínima óptima de difusión de 300 Hz (longitud de onda 1.15 m), se requerirá una distancia mínima de 3.45 m.

Difusor bidimensional QRD
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